
Sé que llego tarde a esta breve reflexión, pero ahora es cuando me ha venido a la mente. Acaba de terminar un período que para muchos ha sido como una carrera sin fondo. Una competición que, sin premio aparente al final de la misma, nos obliga a seguir peleando contra nosotros mismos. El período navideño es propenso al exceso. A comer más que nunca, a beber más de lo debido. Y a gastar más de lo que uno puede.

Afortunadamente, yo he tenido unas vacaciones largas y tranquilas. Sin muchos excesos, lo cual se nota en mi figura que no ha quedado más deformada de la cuenta. Muchas horas con amigos (algunos hasta me han dado gratas noticias) y delante del televisor/ordenador. Haciendo lo que a uno le gusta, que por desgracia es leer, escuchar discos y ver películas. Y en este sentido, la Navidad también ha sido un exceso. Hemos revisitado varias temporadas de El Enano Rojo (1988-1999), hemos acogido (y seguimos en ello) con adictiva pasión el voluminoso Homicidio (1991) de David Simon, hemos disfrutado de la maravillosa y desternillante Paso de tí (Nicholas Stoller, 2008) y he probado las anchoas del Cantábrico más ricas que se puedan tomar en un sitio que no sea el Cantábrico.

Y es que nos ponemos ciegos de todo. Somos unos contumaces (como aquél señor mayor en la película Plácido de Berlanga, que no atendía a razones para dejar de morirse), trapisondistas empedernidos (como decía el vecino del señor C. C. Baxter en El apartamento), unos heliogábalos, al fin y al cabo. Demos gracias al hacedor de que las fiestas han terminado. Demos gracias al hacedor de que un año más hemos sobrevivido a la Navidad.
4 comentarios:
Oh! Justo ayer le escribía a una amiga común que en esta semana empezaba mi ramadan particular, porque por el norte y por el sur de españa (y por mi agradecido apetito) se come mucho en estas fechas.
La verdad es que estas vacaciones las vivo como un gran reto: el de no gastar mucho, el de no engordar, el de no alcoholizarme más de la cuenta, el de ver a mucha gente querida y evitar los compromisos no deseados ... Y suscribo lo de las anchoas, que sabían mejor con la buena compañía :)
En homenaje a tan suculento momento, he sustituido la foto de la hamburguesa obesa por la anchoa cántabra...
jajajaja, gran detalle! y más cercano a nuestro selecto paladar ;) ... y aprovecho para contarte que por fin fuimos a la Azotea, oro!
Por alusiones, agradezco tus imprescindibles recomendaciones culturales. Sin duda "desternillante" ha sido una de las palabras más de moda y más repetida estas Navidades en círculos selectos.
Otras obras navideñas/desternillantes serían Cavernícola (1981), Superfumados (2008), Tron: Legacy (2010) y Los viajes de Gulliver (2010)...
Todo irá bien mientras seamos Heliogábalo y no Calígula.... o en otras palabras: "Sed felices, y comed bien."
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