
Pero vayamos por partes. Tron, ¿eh? ¡Cuántos recuerdos de la infancia! ¡Cómo nos gustaban los ordenadores y los videojuegos entonces! Sobre todo a mí, que nunca tuve una consola, ni siquiera la más prehistórica. Eso sí, los juegos recreativos (maquinitas, para que nos entendamos) se me daban la mar de bien. Y Tron representó mejor que ninguna otra cosa la fiebre que se vivía por aquél entonces con ese avanzadísimo (para la época) juguete que hoy día es el gran motor de la industria del entretenimiento.

Más de 20 años después alguien ha decidido que era buena idea retomar la historia de Tron allí dónde quedó. Esto es, cerrada y bien cerrada. Ese sea quizás el gran escollo que se encuentra Tron: Legacy. Buscar una excusa para la secuela. Pero yo diría que la han encontrado. Cierto es que Tron: Legacy cuenta la misma historia (diríamos que "exactamente" la misma historia) que su predecesora, pero reinventa personajes comunes, los duplica, convierte a los buenos en malos, introduce caras nuevas (la de Olivia Wilde se agradece mucho, además), y en fin, nada nuevo bajo el sol, pero se curran el aspecto del entertainment. Así que sí, amigos, Tron: Legacy nos ha molado y bastante.

¿Qué tiene esta segunda parte de meritoria? Pues ya lo hemos dicho, copón: que es MUY entretenida. Que incluso sin haber visto la primera mola. Que los efectos especiales están muy bien. Que Jeff Bridges vuelve a hacer de El Nota (y van...) pero en plan tecnológico. Que a veces parece que sale Sergio Ramos. Que hacen otra vez la broma de lo grande que es la puerta de Encom. Que lo importante es el juego de muñeca... Pero es cierto que esta versión vitaminada y mineralizada carece del significado de la primera. Hay algún que otro guiño a internet, a la hegemonía de una gran corporación que controle el sistema operativo del mundo entero, pero Tron: Legacy no pretende sentar cátedra. Es un mero divertimento, como también lo era Tron, pero no es ya un vehículo definitorio de una época.

Durante mis años de juventud, mis amigos y yo solíamos referirnos a esta película para mofarnos de la decoración de ciertos sitios un poco trasnochados para principios del Siglo XXI. Con Tron: Legacy se ha perdido el sentido de esa gracieta. Ya no tiene gracia si alguien os pregunta: "¿Has visto Tron: Legacy?" ¿Qué es lo que te están queriendo decir?... Ya no tiene gracia...




















