
Extraña y en ocasiones meándrica temporada esta última de "Mad Men", que ha vuelto a jugar con el devenir de Sterling Cooper (o como sea que se llame ahora) y con el pobre Don Draper, una de las almas más torturadas de la televisión. Pero por fin le han dado un respiro (no revelaré ningún detalle del final, tranquilos). O eso parece. Hay un juego de impresiones. Ese "I Got You Babe" (1965) de Sonny & Cher en los créditos finales recuerda demasiado a "Atrapado en el tiempo" (Harold Ramis, 1998), y aunque la comparación no me parezca que sea buscada (¿Weiner haciendo un guiño a la película de Bill Murray? Todo puede ser, amigos), la realidad es que es perfectamente válida: hombre condenado a vivir el mismo día hasta que sea capaz de amar... mmm... a mí me encaja, qué queréis que os diga.

Pero interpretaciones de ese último y melancólico plano aparte, lo que hay que destacar de esta temporada (en mi opinión la mejor hasta la fecha) es el desarrollo que han sufrido muchos de sus personajes. No sólo Don Draper, sino Joanne (gran revelación en el último episodio), Sally (la hija de Don, que se está convirtiendo en su madre a pequeña escala), la espectacular y roba planos Betty y nuestra querida Peggy "Orejitas" Olson. También me ha parecido la temporada con más capítulos seminales. Quedarán para el recuerdo, como milestones de la serie, "The suitcase" (4x07), "The summer man" (4x08) y "Blowing Smoke" (4x12), además del ya comentado final de temporada, el más explicito y radical de todos los mostrados hasta la fecha.

Si "Mad Men" ha ganado todos los premios con sus temporadas anteriores, no sé hasta donde podrá llegar con esta última. Monumento a la narración, a la dirección artística, a la actuación contenida, a la elegancia, a la sutileza... Demasiados matices juntos. En definitiva, demasiado perfecta para este mundo. Así es "Mad Men": 13 dosis anuales de 45 minutos de perfección narrativa.
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