
Pero a este hombre parece que se le está acabando la pensión y se ha puesto a escribir como un loco. Si en el siglo XX sólo publicó 5 novelas, en los últimos 5 años ha editado ya dos nuevas referencias: "Contraluz" (2006), que acaba de ser traducida en España e "Inherent vice" (2009), que está a la espera de traducción al castellano. Así que ante tanta proliferación creativa me agobié por no estar al día en la obra de mi admirado Pynchon y me puse manos a la obra con su "Mason y Dixon" y sus cerca de mil páginas de incongruencias postmodernas.
Lo primero que me gustaría resaltar de "Mason y Dixon" es que, si bien leer a Thomas Pynchon en la playa puede resultar contraproducente, la realidad es que su lectura me ha parecido amena y nutritiva. Y es que el postmodernismo de "Mason y Dixon" no descansa, como ocurría en su aclamada "El arco iris de gravedad" (1973), en la confusión narrativa. De hecho se trata de una novela bastante lineal pero que juega con los puntos de vista de los narradores de la historia.

Cuenta "Mason y Dixon" la epopeya tras la demarcación geométrica de la popular línea Mason-Dixon a la que han cantado Johnny Cash, Waylon Jennings y hasta los Long Ryders. Pero claro, Pynchon la cuenta a su manera. Como si fuera una novela del siglo XVIII narrada por un reverendo que afirma haber acompañado a Jeremiah Dixon y a Charles Mason en su laboriosa, hercúlea e inútil odisea. Y el tono de la historia se ve modulado según quién está escuchando. Así que uno puede fácilmente toparse en la narración con una pata autómata que persigue a un cocinero francés, con un perro sabio inglés que habla, con referencias a extrarrestres o simplemente presenciar la invención del ketchup. Luego, para hacer la lectura más amena, algunos de los oyentes comienzan a inventar subhistorias que se integran en la narración principal dando así forma (o mejor dicho, deformando) a esta épica novela sobre la amistad y los logros humanos.
Al margen de las idas de olla, la verdad es que tras sumergirme en una obra de Thomas Pynchon siempre me viene el mismo sentimiento de vacío. ¿Qué se puede leer después de tantísima y agotadora clarividencia? Lo que Cormac McCarthy me transmite a nivel anímico, Pynchon lo consigue a través del intelecto. Leerlo es agotador. Te deja exhausto de ideas como un muñeco de trapo. Cada frase es un desafío mental de precisión literaria. Recuerdo que cuando leí "El arco iris de gravedad" no me enteré de qué iba el libro hasta la página 400. Pero en ese momento preciso se te encienden miles de bombillas en el cerebro que empiezan a conectarse entre sí creando una melodía interior que te hace inmensamente feliz. Esa es la sensación. La felicidad. Mi cerebro agradece que le dé jamón serrano en lugar de tanta mortadela...

Es Pynchon como un vicio. Y como tal hay que tomarlo con paciencia. Ya me espera en la estantería su "Contraluz". Son más de mil páginas que me miran desafiantes. ¿Seré capaz de enfrentarme a ellas algún año próximo? Y mientras tanto me pregunto ¿estará todavía por llegar la gran obra de Pynchon? ¿Veremos algún día una foto suya actual? ¿Concederá alguna entrevista? ¿Existe realmente Thomas Pynchon? ¿Puede existir alguien como Thomas Pynchon?...
2 comentarios:
Guau! La verdad es que mi conocimiento de Pynchon es somero, solo he leído su libro más corto. Sin duda un grande, y leyendo tu post le entran a uno ganas de adentrarse en serio en su obra. ¿Recomiendas este para empezar u otro de los clásicos? (Es que V. y El arco iris de la gravedad me dan un poco de miedo...
Pues sí. Creo que "Mason y Dixon" es la forma más liviana (a pesar del número de páginas) de adentrarse en su obra. Reúne todos sus elementos, es amena, divertida e intelectualmente excitante... Atrévete!
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