
De Renny Harlin ya hemos hablado por estos lares, cuando filosofábamos acerca del tratamiento crítico de ciertos productos cinematográficos, en concreto las películas de acción, y el valor que sus artesanos tenían dentro de la cinefilia universal. Sus nombres son vulgarmente apartados de toda apreciación artística cuando a mi juicio, y al de otros muchos críticos "serios", éstos señores suelen aportar su particular visión del cine en cada uno de sus trabajos. Es decir, son "autores" en el sentido amplio de la expresión, con independencia de la calidad cuantificable de sus obras.
Este ejercicio de análisis crítico resulta especialmente complicado cuando a lo que se enfrenta uno es a una película protagonizada por John Cena, famosísimo luchador de la WWE al que no tuvimos la fortuna de ver en nuestra visita al Madison Square Garden el pasado mes de abril. Sus dotes actorales están fuera de toda duda. Téngase en cuenta que a lo que se dedica principalmente este señor musculoso es a actuar, más que a pelear, y si no vean la película "El luchador" (Darren Aronofsky, 2008). Además, el bueno de John Cena ya había protagonizado anteriormente una película, The Marine (John Bonito, 2006), por lo que no es un novato en estas lides de la intrepretación.

Así que tenemos una película titulada "12 trampas", dirigida por Renny Harlin, director de bobaliconas cintas de acción, y protagonizada por una montaña de bultos como es John Cena. ¿Y "esto" tiene interés alguno? Pues va a ser que sí. Vaya por delante que la historia de "12 trampas" es, lamentablemente, un trasunto de "Jungla de cristal: La venganza" (John McTiernan, 1995). Digo lamentablemente porque es "demasiado" parecida a la tercera parte de las aventuras de John McClane.
Pero salvando las distancias, "12 trampas" es, sobre el papel, una película de acción modélica, como las de antes, como se espera que sea "The Expendables" (Sylvester Stallone, ¿2010?). Un ejercicio de estilo, de recuperación de un tipo de cine intrascendente cuyo objetivo final es el puro entretenimiento. Y en este campo, "12 trampas" es de lo mejorcito que he visto en mucho tiempo.

Pero es que hay más. Tomemos en consideración que la película transcurre en Nueva Orleans y que la historia tiene cierto cariz apocalíptico, de destrucción. Nos encontramos, pues, con una metáfora de la tragedia del Katrina, a la que se hace referencia en una de las primeras escenas de la película, por lo que más de una tecla se está tocando con esta cinta. Tengamos también en cuenta que la película, para el desarrollo de esta vertiginosa "gimkana" a vida o muerte, utiliza múltiples gadgets tecnológicos, al estilo de las últimas películas de Tony Scott, como "Déjà Vu" (2006), o de la serie televisiva "24" (2001-¿2010?).
Más conexiones generacionales: la película empieza con el seguimiento de un narcotraficante a través de cámaras ocultas y micrófonos por las calles de Nueva Orleans. El recuerdo a The Wire (2002-2008) es irresistible, pero más aun cuando descubrimos que el malo de la película es el actor Aidan Gillen (que interpreta al Alcalde Carcetti en la citada serie), que da vida a un villano lleno de matices. Y si queremos más conexiones peregrinas, habrá que tener en cuenta entonces que la próxima obra de David Simon, uno de los creadores de The Wire, transcurrirá en la crescent city, y llevará por título "Treme".

Quiero exponer con todo lo anterior que "12 trampas", a pesar de su falta de originalidad, es una película de su tiempo. Más influenciada por la televisión que por el propio cine, preocupada en acentuar los segundos tiempos (aunque no lo parezca, el guión invierte su tiempo en desarrollar una historia de amor para dar cohesión a la historia) y ofreciendo lo que siempre se ha exigido a este tipo de productos: entretenimiento, frenetismo... acción en definitiva.
John Cena nos recuerda a las grandes estrellas de los 80, pero en esta ocasión se intenta compensar su inmovilidad corporéa con ciertos sentimientos. Y realmente, hasta que no llegamos al final de la historia (hay una escena digna de los mejores momentos de James Bond con un helicóptero y una piscina y aquí dejo de leer...), no lo percibimos como un super-héroe capaz de cosas imposibles. Es un ser abnegado, atrapado en un juego al que no quiere jugar, pero que sería capaz de darlo todo por su chica. Hay cierto heroismo, pero es cotidiano, costumbrista, humano...

"12 trampas" no pasará a la Historia. Ni se recordará más allá de estas líneas. Pero es un producto decente, coherente, coetáneo y entretenido. Pocos directores pueden ofrecer este cocktail en pleno siglo XXI. Puede que el tiempo termine dando la razón a los que defendemos a Renny Harlin. Puede que el hecho de que Cahiers du Cinemá dedique una página entera a reflexionar sobre esta película quiera decir algo, aunque la conclusión final sea, inexorablemente, que es una mierda... eso sí, pero una mierda sin trampa ni cartón.
1 comentarios:
Matute querido, si el 2010 usted lo comenzo viendo 12 trampas el cine que vea este año solo puede ir en ascenso. La verdad yo vi los primeros 30 minutos y no resisti mas... Te quedaste en Sevilla viendo esta basura de peli (ok que te guste WWE y por ende le tengas algo de cariño al grandulon este, pero compararlo con el gran Sly Stalone es casi un crimen, "E"stalone hico porno y este no, un crack!) Creo entender lo que decis del estilo "como las de antes", y si me decis que el presupuesto de la peli fueron 100,000€ lo aplaudio, pero estos se deben haber gastado un pastos (en casting no evidentemente) y sacaron esto que es a mis ojos impresentable.
Abrazo y exitos para el 2010
Ender.
Publicar un comentario en la entrada