miércoles, 30 de diciembre de 2009

Órbita Nuestra

No ha podido resultar más providencial. Termino de leer "Órbita" (2009), una exquisita colección de relatos perpetrada por el zaragozano Miguel Serrano Larraz y recomendada por nuestro querido Porerror que, ya adelanto, me ha fascinado. Digo lo de providencial porque el prólogo de esta obra viene firmado por el ínclito Manuel Vilas, protagonista de nuestro último post. Y se trata de un gran prólogo. De los más "prácticos" que he leído en mucho tiempo. Eso sí, tremendamente equívoco. Vilas se empeña en encuadrar al bueno de Miguel Serrano en la nómina de los nocillistas ilustrados. Pero me váis a permitir que disienta... Miguel Serrano me ha parecido un narrador "old school". Y para colmo, uno de los mejores que he leído en mucho tiempo.


"Órbita" son nueve relatos. Y no, no están interconectados ni temática ni metafóricamente ni nada. Si uno se pone, pues encontrará lugares comunes en dichos textos: el desamor, las relaciones familiares, la pasión por la literatura, la juventud... bla bla bla... lo de siempre, vamos. Ahora que se ha puesto de moda lo de crear novelas de la unión de relatos ("Fantasmas" de Chuck Palahniuk, "Nocilla Dream" de Fernández Mallo, "Aire nuestro" del susodicho Vilas, la exquisita "Stradivarius rex" de Román Piña...) se agradece que alguien aparezca sin más pretensiones que la de ofrecer trocitos literarios de uno mismo. En pequeñas dosis, con delicatessens, así se me ha presentado Miguel Serrano.

Decía antes que Serrano me parece más un narrador de la vieja escuela que un after-popista y es que su prosa me ha calado muy hondo. Historias como las de "Zaragoza, a 8 de noviembre de 2002 (segundo premio)" y "Sólo del amor queda el veneno" me han partido el alma. Y no por una cuestión trágica. Si no por lo jodidamente bien escritas que están. Qué bien te lleva Serrano a su terreno, como te va engañando poco a poco, como Bartolo con su flauta. Qué dominio de la narración, el muy cabrón.

Y ojo que no estamos aquí alabando su uso del léxico retorcido (plausible para autores de la escuela de Montero Glez), ni estamos exaltando la retruécana temática de sus relatos. No existe un sólo momento de pretensión estilística en "Órbita". No vislumbro ningún intento, por parte de Serrano, de hacerse el moderno, el guay, el molón... Es como si dijera: esto es lo que escribo. Si te gusta, adelante. Disfrútalo.


Pues sí que nos gusta lo tuyo, amigo Miguel, y mucho. Si te quieren meter en el rollo del nocillismo por cuestiones editoriales (Candaya estará buscando otro pelotazo como "Nocilla Dream" seguramente), pues muy bien, pero a mí no me engañas. Te garantizo que hoy día es más raro encontrar un escritor tan excelso como tú que un mutante de esos que están llamados a renovar el panorama literario de este país antes llamado España. Te seguiremos la pista, no lo dudes.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Aire Vuestro

Ya sabéis todos que la cadena Canal Sur se identifica como “La Nuestra”. Los que no comulgan con los contenidos de la radio-televisión regional se refieren a ella, jocosamente (ya sabéis también como son los andaluces), como “La Vuestra”. Pues permitidme que haga mío el chascarrillo para referirnos a la última sensación literaria: “Aire Nuestro” (2009) de Manuel Vilas. ¿O debería decir “Aire Vuestro”? Pero no adelantemos acontecimientos…

Partamos de la base de que Manuel Vilas era, hasta que leí el blog de Román Piña, un auténtico desconocido para mí. El bueno de Román comentaba en una entrada que estaba enganchado a “Aire Nuestro”, una suerte de libro de relatos, de novela falsa construida a base de recuerdos desde el futuro, recuerdos que nunca pasaron, pero que en el mejor de los casos, debieron ocurrir. Seguí la recomendación de Román y aquí que estamos.


Descubrí, con estupor, que Manuel Vilas es un defensor a ultranza (o al menos eso se desprende de sus textos, blogs y artículos periodísticos) de la nueva narrativa española. Sí, esa que se llama Nocillismo, Mutantes y no se qué más, y que empezó, por decirlo de alguna forma, con el boom del “proyecto nocilla” de Agustín Fernández Mallo. Como la cosa dio sus frutos, tanto a nivel comercial como de crítica, la nueva narrativa se convirtió en una realidad palpable. Se publicaron ensayos teóricos sobre el movimiento y, por desgracia, algunos se lo han tomado demasiado en serio haciéndole perder a esa tan esperada y necesaria iniciativa de renovación estilística parte de su frescura.

¿Es Manuel Vilas uno de los que se han tomado demasiado en serio esto de la nueva narrativa? Pienso que sí. Me imagino que la defensa a ultranza del “nocillismo” es un factor importante a nivel editorial (y por ende comercial). No olvidemos que “Aire Nuestro” se publica en Alfaguara, al igual que las dos últimas novelas de Fernández Mallo. Pero al margen de este detalle, considero que Vilas se está creyendo de verdad lo que dice. Y me parece bien.


Para mí, el gran exponente de esta escuela es David Foster Wallace (la llamada “Next Generation” revolotea muy cerca del “nocillismo”). En sus libros de ensayos cabía cualquier cosa. Y, por razones que no sé explicar, todo me gustaba de él (y mira que resultaba infumable casi siempre). Ahora llega Manuel Vilas y ofrece un texto que poco tiene que envidiar a Foster Wallace; o mejor dicho, que “Aire Nuestro” me recuerda a un libro inédito de Foster Wallace. Hasta hace suyos muchos referentes culturales norteamericanos comunes: Johnny Cash, Elvis Presley,… y los mezcla con personajes patrios, como Luis Buñuel, Antonio Machado…

Decía Juan Bonilla que “Nocilla Dream” (2006) era un claro ejemplo de “zapping literario” y esa definición encaja mejor que nunca con “Aire Nuestro”, cuya estructura se apoya precisamente en eso, en hacer zapping dentro de una cadena de televisión del futuro. Cada vez que pulsamos el botón del mando a distancia nos trasladamos a otro programa, a otro universo… todo conceptualmente muy post-moderno, todo predeterminado a que me guste, pero me falta algo…


El único problema que veo a esto del “nocillismo”, y mira que yo fui uno de los que abrazó con fuerza la idea desde sus comienzos, es que, al margen de la maraña teórica que se está vertiendo sobre el tema y que me parece absolutamente contraproducente, estamos rozando la teoría del “all goes”. Y todo no vale. O todo no puede valer. Pecaría de pueril si comparase a Foster Wallace con Vilas, pero no creo que la diferencia deba ser tan abismal (¿o sí?).

En donde encontraba antes frescura, humor e inteligencia noto ahora aliteraciones conceptuales y tedio. ¿No será que en lugar de “renovar” nos estamos limitando a “copiar”? Esa impresión me llevo con “Aire Vuestro”. Un gran libro (a pesar de todo lo anterior tiene algunos momentos memorables como el del concierto de Bob Dylan en Zaragoza) que, a mi juicio, no aporta nada al universo literario que algunos se han empeñado en actualizar…

martes, 22 de diciembre de 2009

Bigelow: The Hurt Locker

Kathryn Bigelow es uno de los directores de cine más peculiares que pueblan hoy día la cinefilia universal. Para empezar, porque se trata de una mujer (y no hay muchas directoras de cine en Hollywood). Y para continuar, porque hace pelis para hombres. Digamos que Bigelow es para los tíos lo que Almodóvar es para las tías. Ella sabe lo que nos gusta, nos entiende, nos analiza con lupa, saca lo mejor y lo peor de los hombres y lo hace en nuestro terreno. Ahora Bigelow está en boca de todos porque su última película, la fantástica “The Hurt Locker” (2008), está arrasando en todas las quinielas de premios en los Estados Unidos. Se rumorea que puede convertirse en la primera mujer en ganar un Oscar a la mejor dirección.


Desarrollemos un poco más la idea de que Bigelow hace “pelis para tíos”. Hay que establecer aquí un cliché más o menos afortunado: a los tíos nos gustan las pelis de acción, las pelis de bravuconadas, los tiros, las peleas, los tacos, el héroe solitario… y si sale un tanque, un avión o un barco mejor. También hay tíos, los más sensibles, a los que nos gustan los zombies, la casquería, los sustos, los asesinatos sanguinolentos… y, en este campo, Bigelow ha realizado, a mi juicio, tres obras claves: “Los viajeros de la noche” (Near Dark, 1987), “Le llaman Bodhi” (Point Break, 1991) y “The Hurt Locker” (The Hurt Locker, 2008).


Ya me diréis qué pintaba una chica con el pelo escardado rodando una peli de zombies a finales de los 80, o dirigiendo a principios de los 90 la que posiblemente sea la buddy movie definitiva (gran homenaje que se le hace a “Le Llaman Bodhi” en la muy divertida Hot Fuzz)… reconozcámoslo, la chica siempre ha sido rarita. Pero ahora se nos descuelga con un género nuevo: la película de tensión. Si alguien ha visto ya “The Hurt Locker” sabrá a lo que me refiero. Una cinta construida sobre escenas tensas como su p… madre, el culo pegado al asiento, la saliva petrificada en la glotis, las pupilas solidificándose… y así durante dos horas de estrés y falta de respiración… de eso va la última y premiada película de la Bigelow.


Podríamos discutir sobre la estructura narrativa de “The Hurt Locker” que quizás, al estar montada sobre escenas impactantes, no lleva a ningún sitio; podríamos discutir sobre su intención intrínseca (no creo que pretenda en primera instancia ofrecer un mensaje anti-bélico), más cercana a la película de acción que a otra cosa (el que esté ambientada en la guerra de Irak me suena a comodidad al servicio de la historia); podemos discutir la utilidad de esos mini-cameos (que a mi particularmente me han gustado porque dan cierto halo de familiaridad al contexto) por parte de David Morse, Evangeline Lilly, Ralph Fiennes, Guy Pierce (dicen que sale, pero yo no me dí cuenta)… todo lo que queráis para poner pegas, pero la peliculita se las trae y me ha parecido extraordinariamente original (a pesar de que la sombra de "Generation Kill" es alargada...).


Bigelow podría ser la mujer que mejor entiende el ego masculino. Pero también me planteo si no será que la chiquilla es una aprovechada y termina haciendo las pelis que a las tías les gustaría ver: hombres fornidos sin camiseta, portando armas de gran calibre, haciendo surf con la melena rubia al viento y enfundado en apretados tarjes de neopreno… todo cabe en el universo Bigelow… por eso nos gusta tanto, por su ambigüedad, por su versatilidad, por haber hecho también “Acero azul” (1989), “Días extraños” (1995) y “El peso del agua” (2000), y por eso, desde ahora, comenzamos la campaña de reivindicación de su (escaso) cine y exigimos desde aquí que le den el Oscar para así pasar a la historia como lo que es: la primera directora de cine que no rueda anuncios de compresas...

viernes, 18 de diciembre de 2009

The Wire: If Animal Trapped Call 410-844-6286

Las críticas ya lo aventuraban. La cuarta temporada de “The Wire”, la mejor, era un monumento audiovisual. Focalizada en el sistema educativo de ese Baltimore que es ya como mi segunda casa. Muchas caras conocidas y algunas nuevas. Escenas inusuales, como la de Prez despegando chicles de un pupitre con la ayuda de un destornillador o como el hecho de ver a un McNulty sobrio hasta la exasperación.


El logro artístico de “The Wire” es el de siempre. El nervio, el verismo, la osadía, la franqueza. Es una serie con ínfulas de reportaje periodístico. Es Nuevo Periodismo Audiovisual. Un reportero/creador (Ed Burns y David Simon) inmiscuyéndose en la realidad para ficcionarla, en primera persona. Quieren estar en todos los escalafones sociales de Baltimore y para ello se inventan personajes reales: Daniels, Omar, Rawls, Bunk, Bubbles, Kima, Pryzbylewski, ese acierto que es Carcetti… Pero en “The Wire” ya no me preocupa el aspecto visual. Porque la cuarta temporada me ha subyugado de tal forma que he olvidado que había alguien detrás de la cámara (salvo por ese plano que muestra en todo su esplendor esa terrorífica cancha de baloncesto…).

Es “The Wire” una serie milagro, un prodigio de nuestro tiempo, un proyecto ambicioso (vemos aparecer en los créditos nombres ilustres como Dennis Lehane o Agnieszka Holland) que deja en entredicho dónde reside el talento para contar cosas. Y son cosas que importan. Tenemos, pues, una cosmogonía de personajes y situaciones. “The Wire” se mira como cuando se lee una novela. Quizás sea esta serie la verdadera Gran Novela Americana, que no tiene miedo de anular a su anti-héroe (McNulty) en pos de la historia, que no tiene miedo de reubicar personajes secundarios, de abrir nuevos caminos narrativos, de explorar nuevas sensaciones, de ofrecer el miedo, la miseria, el humor y, sobre todo, la dureza de las calles.


Es posible que el gran acierto que supone la cuarta temporada venga motivado por el hecho de que se centra en los niños. Se nos ofrece la desagradable posibilidad de ver cómo nacen, crecen y terminan engullidos por el “sistema” con apenas 10 años. Pero sería un error pensar que Simon y Burns se ablandan para contarnos esta parte de la historia. La cuarta temporada es la más poética y, a su vez, es la más desgarradora… Podría estar horas hablando de “The Wire”. Por favor, que alguien llame al 410-844-6286. Soy como un animal atrapado en esta serie…

miércoles, 16 de diciembre de 2009

"EVENTO ESPECIAL"

He tardado tiempo en reponerme del tedio que ha supuesto escribir mis anteriores siete posts, así que ni me imagino lo que a vosotros os habrá costado. Así que, después de pedir perdón por aquél suicidio artístico, vuelvo a la carga con algo más lisonjero. De hecho, otro de los motivos por los que no he escrito recientemente se debe al “EVENTO” que os voy a relatar.

Desde hace más de dos semanas los alrededores de mi casa se encuentran sitiados. La mayoría de las calles que circunvalan mi hogar están cortadas, llenas de señores con chalecos fosforescentes y camiones de gran tonelaje. La única explicación a esta invasión la encontramos en cartelitos repartidos por todos los rincones que anuncian, por parte del Ayuntamiento, la realización de un “EVENTO”.


En Miciudad hay siempre eventos. Pero este, según observamos en las octavillas repartidas, es “ESPECIAL”. Y así lo constato. Es tan “especial” que desde que estos señores invadieron mi zona no puedo hacer vida normal. El camino al trabajo suele ser modificado día sí, día no. El camino de vuelta tiende a ser distinto al de ida con bastante frecuencia. No son grandes cambios. Tomo una calle paralela o pierdo la posibilidad de pillar por ese atajo que nadie usa. Pero la rutina, la santa rutina, se me ha visto trastocada. Son los pequeños inconvenientes del “EVENTO ESPECIAL”.

Pero el otro día fui a la estación de tren y allí también se celebraba un “EVENTO ESPECIAL”. Para más señas, el mismo. Esta vez fuimos nosotros, los viandantes, los que paralizamos el transcurrir del evento. Mientras me acercaba a la vía observaba a James Mangold con cara de resignación. A su mando, cientos de extras vestidos a la antigua esperando sus órdenes. Un tren vintage, gastado pero muy resultón intentaba dar la sensación de que nos encontrábamos en Salzburgo. Alguien le explicaba al director: “Es que a esta hora sale el tren para Cádiz”.


Mientras llegaba el susodicho tren tuve la oportunidad de husmear en las tripas del rodaje. Los técnicos, los de seguridad, los actores, los extras… y en medio de todo eso el amigo Mangold, risueño, con una impoluta camisa blanca y una cazadora de cuero. Pensaba yo entonces ¿cómo se puede “dirigir” semejante embrollo? ¿Cómo es posible controlar tanto detalle? El oficio de director de cine me fascina. Y viéndolo en primera persona más. ¿Cómo es posible lograr una pizca de sensibilidad, de emoción, de arte en definitiva, con tantísima gente alrededor?

Y en lo alto de la estación, por la pasarela, aullidos de adolescentes por la aparición de la estrella. El que ha conseguido fortificar mi casa. El que me obliga a cambiar de ruta todas las mañanas. El que no me deja aparcar donde yo quiero. En definitiva, el culpable principal del “EVENTO ESPECIAL”. El puto Tom Cruise…


Menos mal que me subí al tren a tiempo, que abandonaba Miciudad para ir a otra en la que a nadie se le ocurriría jamás ir a rodar una película, ¿verdad?...

Yes! Yes! Yes! It's My Autumn Almanac!