viernes, 18 de diciembre de 2009

The Wire: If Animal Trapped Call 410-844-6286

Las críticas ya lo aventuraban. La cuarta temporada de “The Wire”, la mejor, era un monumento audiovisual. Focalizada en el sistema educativo de ese Baltimore que es ya como mi segunda casa. Muchas caras conocidas y algunas nuevas. Escenas inusuales, como la de Prez despegando chicles de un pupitre con la ayuda de un destornillador o como el hecho de ver a un McNulty sobrio hasta la exasperación.


El logro artístico de “The Wire” es el de siempre. El nervio, el verismo, la osadía, la franqueza. Es una serie con ínfulas de reportaje periodístico. Es Nuevo Periodismo Audiovisual. Un reportero/creador (Ed Burns y David Simon) inmiscuyéndose en la realidad para ficcionarla, en primera persona. Quieren estar en todos los escalafones sociales de Baltimore y para ello se inventan personajes reales: Daniels, Omar, Rawls, Bunk, Bubbles, Kima, Pryzbylewski, ese acierto que es Carcetti… Pero en “The Wire” ya no me preocupa el aspecto visual. Porque la cuarta temporada me ha subyugado de tal forma que he olvidado que había alguien detrás de la cámara (salvo por ese plano que muestra en todo su esplendor esa terrorífica cancha de baloncesto…).

Es “The Wire” una serie milagro, un prodigio de nuestro tiempo, un proyecto ambicioso (vemos aparecer en los créditos nombres ilustres como Dennis Lehane o Agnieszka Holland) que deja en entredicho dónde reside el talento para contar cosas. Y son cosas que importan. Tenemos, pues, una cosmogonía de personajes y situaciones. “The Wire” se mira como cuando se lee una novela. Quizás sea esta serie la verdadera Gran Novela Americana, que no tiene miedo de anular a su anti-héroe (McNulty) en pos de la historia, que no tiene miedo de reubicar personajes secundarios, de abrir nuevos caminos narrativos, de explorar nuevas sensaciones, de ofrecer el miedo, la miseria, el humor y, sobre todo, la dureza de las calles.


Es posible que el gran acierto que supone la cuarta temporada venga motivado por el hecho de que se centra en los niños. Se nos ofrece la desagradable posibilidad de ver cómo nacen, crecen y terminan engullidos por el “sistema” con apenas 10 años. Pero sería un error pensar que Simon y Burns se ablandan para contarnos esta parte de la historia. La cuarta temporada es la más poética y, a su vez, es la más desgarradora… Podría estar horas hablando de “The Wire”. Por favor, que alguien llame al 410-844-6286. Soy como un animal atrapado en esta serie…

3 comentarios:

Aitor dijo...

Amen.

Vidal dijo...

Me das envidia porque todavía hay una temporada que no has visto... una temporada entera para gozar. Ah!

Fran G. Matute dijo...

Pues si, estoy saboreando esta experiencia "a poquito a poco"... Dejaré la Quinta para dentro de bastante...

Yes! Yes! Yes! It's My Autumn Almanac!