Partamos de la base de que Manuel Vilas era, hasta que leí el blog de Román Piña, un auténtico desconocido para mí. El bueno de Román comentaba en una entrada que estaba enganchado a “Aire Nuestro”, una suerte de libro de relatos, de novela falsa construida a base de recuerdos desde el futuro, recuerdos que nunca pasaron, pero que en el mejor de los casos, debieron ocurrir. Seguí la recomendación de Román y aquí que estamos.

Descubrí, con estupor, que Manuel Vilas es un defensor a ultranza (o al menos eso se desprende de sus textos, blogs y artículos periodísticos) de la nueva narrativa española. Sí, esa que se llama Nocillismo, Mutantes y no se qué más, y que empezó, por decirlo de alguna forma, con el boom del “proyecto nocilla” de Agustín Fernández Mallo. Como la cosa dio sus frutos, tanto a nivel comercial como de crítica, la nueva narrativa se convirtió en una realidad palpable. Se publicaron ensayos teóricos sobre el movimiento y, por desgracia, algunos se lo han tomado demasiado en serio haciéndole perder a esa tan esperada y necesaria iniciativa de renovación estilística parte de su frescura.
¿Es Manuel Vilas uno de los que se han tomado demasiado en serio esto de la nueva narrativa? Pienso que sí. Me imagino que la defensa a ultranza del “nocillismo” es un factor importante a nivel editorial (y por ende comercial). No olvidemos que “Aire Nuestro” se publica en Alfaguara, al igual que las dos últimas novelas de Fernández Mallo. Pero al margen de este detalle, considero que Vilas se está creyendo de verdad lo que dice. Y me parece bien.

Para mí, el gran exponente de esta escuela es David Foster Wallace (la llamada “Next Generation” revolotea muy cerca del “nocillismo”). En sus libros de ensayos cabía cualquier cosa. Y, por razones que no sé explicar, todo me gustaba de él (y mira que resultaba infumable casi siempre). Ahora llega Manuel Vilas y ofrece un texto que poco tiene que envidiar a Foster Wallace; o mejor dicho, que “Aire Nuestro” me recuerda a un libro inédito de Foster Wallace. Hasta hace suyos muchos referentes culturales norteamericanos comunes: Johnny Cash, Elvis Presley,… y los mezcla con personajes patrios, como Luis Buñuel, Antonio Machado…
Decía Juan Bonilla que “Nocilla Dream” (2006) era un claro ejemplo de “zapping literario” y esa definición encaja mejor que nunca con “Aire Nuestro”, cuya estructura se apoya precisamente en eso, en hacer zapping dentro de una cadena de televisión del futuro. Cada vez que pulsamos el botón del mando a distancia nos trasladamos a otro programa, a otro universo… todo conceptualmente muy post-moderno, todo predeterminado a que me guste, pero me falta algo…

El único problema que veo a esto del “nocillismo”, y mira que yo fui uno de los que abrazó con fuerza la idea desde sus comienzos, es que, al margen de la maraña teórica que se está vertiendo sobre el tema y que me parece absolutamente contraproducente, estamos rozando la teoría del “all goes”. Y todo no vale. O todo no puede valer. Pecaría de pueril si comparase a Foster Wallace con Vilas, pero no creo que la diferencia deba ser tan abismal (¿o sí?).
En donde encontraba antes frescura, humor e inteligencia noto ahora aliteraciones conceptuales y tedio. ¿No será que en lugar de “renovar” nos estamos limitando a “copiar”? Esa impresión me llevo con “Aire Vuestro”. Un gran libro (a pesar de todo lo anterior tiene algunos momentos memorables como el del concierto de Bob Dylan en Zaragoza) que, a mi juicio, no aporta nada al universo literario que algunos se han empeñado en actualizar…
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