domingo, 17 de mayo de 2009

Stradivarius Rex

Leo en CLONE.38 una reseña escrita por un tal Fran G. Matute sobre la novela “Stradivarius Rex” (Ed. Sloper, 2009) del mallorquín Román Piña. En ella se puede leer lo siguiente:

Tres años esperando la nueva novela de Román Piña. Tres años esperando ese glorioso momento para poder troncharme de nuevo con las desopilantes ocurrencias de este singular autor mallorquín. “Stradivarius Rex” se hace llamar la criatura. El título de por sí hace que me suden las manos. Comienzo a leer ¿y qué me encuentro? Pues como si Talant Dujshebaev me hubiese hecho una finta al borde de los siete metros. Me han roto la cintura. “Stradivarius Rex” no debería haberse publicado nunca en España y mucho menos en castellano. Porque en realidad debería ser la última obra de Donald Antrim; y si fuese un guión de cine, no nos extrañaría que viniera firmado por Charlie Kaufman.


“Stradivarius Rex” es de una complejidad exquisita y una profundidad buscada. Es una novela que, como ya lograra Chuck Palahniuk en “Fantasmas” (2005), surge de cohesionar los más variopintos relatos y personalidades. Y todo ello sin olvidar ese humor marca de la casa, aparentemente alocado, intelectualmente irreverente y, en ocasiones, obsceno. Amigo Román: la segunda edición (que espero que llegue pronto) que te la prologue Thomas Pynchon, que seguro que lo flipa con tu “Stradivarius Rex”, tanto como yo lo he hecho.


Me llaman poderosamente la atención los referentes que el crítico emplea a la hora de contextualizar la novela de marras: Talant Dujshebaev, Donald Antrim, Charlie Kaufman, Chuck Palahniuk y Thomas Pynchon. Me siento familiarizado con todos ellos y eso hace que el contenido del texto se me antoje, cuanto menos, cercano. De su lectura creo poder extraer tanto lo que el crítico quiere decir de la obra de Piña como ciertos detalles de la propia psiqué del autor de la reseña.


A Fran G. Matute, “Stradivarius Rex” le ha parecido un cambio radical con respecto a la anterior propuesta novelística de Román Piña que atendía al nombre de “Gólgota” (2006), de ahí la comparación con las famosas fintas de Dujshebaev. Esa metafórica rotura de cadera parece implicar que Piña ha pasado de un humor “alocado, (…) irreverente y (…) obsceno”, como se describe en la recensión, a algo más sesudo.

El crítico parece dar a entender que tanto por estructura como por contenido, “Stradivarius Rex” podría haber sido escrita por un norteamericano, de aquéllos que se hacen llamar Next Generation. También da a entender Fran G. Matute, que la nueva novela de Piña presenta ciertas deudas con el cine independiente de Charlie Kaufman.


Me parece interesante la comparación con Donald Antrim, autor desconocido en nuestro país pero del que se han publicado sus dos novelas más celebradas: “El verificador” (2000) y “Cien hermanos” (1998). La narrativa de Antrim se caracteriza por acentuar la visión externa de un narrador, ya sea desde un punto de vista extracorporal o introduciéndolo a través de cientos de caracteres dispares de una misma familia. Una visión parecida ofrece el cine de Charlie Kaufman, en el que se llega incluso a introducir el punto de vista narrativo en la cabeza de un personaje real, como sucedía en “Cómo ser John Malkovich” (Spike Jonze, 1999). A algo similar debe jugar Piña en su flamante “Stradivarius Rex”.

Respecto a la estructura, puede que ahí resida la comparación, esta vez más directa, con la obra “Fantasmas” (2005) de Palahniuk, que no es otra cosa que una novela construida a base de relatos cortos, pero que conservan en su exterior una coraza que da cuerpo a la novela.


Visto lo anterior, debe ser “Stradivarius Rex” una novela compleja en estructura, que juega con multiplicidad de puntos de vista, menos humorística que su predecesora, y que podría ser del agrado de Thomas Pynchon, el maestro del postmodernismo literario norteamericano.

Llegados a este punto, reconozco que el otro día me di cuenta de que termino leyéndome cualquier cosa que Pynchon recomiende. No tengo personalidad ni juicio literario, por lo que se ve. Así que si diéramos carta blanca al buen Fran G. Matute daría por sentado que Román Piña ha parido una obra distinta, rompedora, intensa, entretenida, dura y divertida a partes iguales, que debería estar llamada a pulular por otros ámbitos literarios distintos al nuestro. Lo dicho: si le gusta a Thomas Pynchon, entonces también me gusta a mí.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Acojonante entrada Fran!!!!
Me has convencido de que la novela es buenísima. Jejeje

Fran G. Matute dijo...

Jajaja... no lo dudes ni por un segundo, y que nadie te diga lo contrario, eh?!!!

Vidal dijo...

...y digo yo:
¿Cuánto tiempo vamos a seguir llamando así a la "Next Generation"? Ahora que han pasado siete años desde el invento de Mondadori, y hasta hay alguno que está criando malvas, podríamos replantearnos el nombrecito.
¿No?

Fran G. Matute dijo...

No te falta razón en tu quejío, amigo Vidal. Pero no se me ocurra otra forma de mentar el fenómeno literario...

¿Qué otro nombre se podría proponer? Ten en cuenta que "Generación Nocilla" ya ha sido pillado... ;)

¿Peanut Butter Generation?

Vidal dijo...

BUeno, yo a lo que me venía a referir es que ya no hay demasiado nexo generacional que una a esta gente. Algunos son escritores bien, otros ya han dejado de brillar y los hay que ya hemos olvidado. Vamos, que las modas en lo literario duran más que en lo musical, pero (muy) poco más...

Fran G. Matute dijo...

Pienso que realmente nunca ha habido ese nexo generacional pero bueno, "culturalmente" yo sí que se lo veía. Para eso sirven las dichosas etiquetas y las modas. Para poder catalogar fenómenos culturales que efectivamente, en su día sí se dieron, aunque fuera a nivel editorial.

Por ejemplo, con Román Piña me pasa algo parecido. Seguro que él se reiría si dijera que forma parte de la Generación Garrula, junto con Juan Bas, Montero Glez, Pablo Tusset, Rafael Reig, Antonio Orejudo...

Estos escritores no tienen nada en común, seguro, pero la llegada de sus libros supuso para mí una bocanada de aire fresco en las letras españolas, y de alguna forma vislumbro características similares entre sus obras: ese humor gamberro, cochino, esas correrías burlonas muy de la época de El Buscón, esa relectura del pasado...

Es lo que yo llamo la nueva Picaresca o Picaresca Garrula o Picaresca Canalla... no sé que nombre les pondría si fuese Mondadori o Lengua de Trapo...

Vidal dijo...

Me pregunto qué pensaría Patrick Swayze de todo esto...

Fran G. Matute dijo...

Jajaja... como ya sabemos, Patrick Swayze es un semiDios... ese sí que va ya por la next generation...

Porerror dijo...

Siempre llego tarde a los mejores debates...

¿Me explicáis ahora si "la Generación del 50" fue en realidad una generación o no?

Me han entrado muchas ganas de leer el libro, sin duda ha de ser notable. Además, los nombres "Román" y "Piña" me traen tan buenos recuerdos.... ;)

Yes! Yes! Yes! It's My Autumn Almanac!