almanaque de otoño
Yes! Yes! Yes! It's My Autumn Almanac!
jueves, 1 de diciembre de 2011
domingo, 1 de mayo de 2011
London Is London (I)

Partiendo de una premisa evidente (somos conscientes de que el 'swinging London' y el 'punk' ya han pasado -por no hablar de la Ilustración-, pero han pasado para todos), nos topamos en nuestra última visita con un Londres que sigue manteniendo (a su manera) una vigencia activa y proteica en cuanto a agitador de tendencias y esta carrera sólo la mantienen ya dos o tres ciudades más en todo el globo terráqueo. Nos quejábamos, por ejemplo, de París que vivía más de su pasado que de su presente. Londres también vive de su pasado (quién no) pero ha sabido barrer bajo la alfombra y reciclar los escombros. Londres sigue siendo Londres, nos lo dijo Petula Clark y ella nunca nos mentiría, ¿verdad?

Reflexiones globales al margen, mi imagen de Londres siempre se ha visto tamizada por la música pop facturada en la década prodigiosa. "¿Escucho 'beat' porque me gusta Londres o me gusta Londres porque escucho música 'beat'?". El caso es que siempre he conocido Londres (tanto física como mentalmente) pero no ha sido hasta ésta última visita que ambos hemos interactuado de forma satisfactoria. Y la mejor guía de viajes posibles para adentrarse en esa ciudad me la ha proporcionado, cómo no, nuestro querido Raymond Douglas Davies a través del cancionero de sus Kinks. Repasemos sus inspiradas letras, sus mensajes ocultos:

A WELL-RESPECTED MAN (1965)
El londonita es un ser humano extremadamente educado (esto ya lo sabiáis), fruto de una educación estricta de uniforme y corbata (aunque ahora los chavales han aprendido a hacerse el nudo de lado para ir más a la moda), que no tiene reparo alguno en estrujar el lenguaje de Shakespeare de la forma más exquisita posible aunque sea para decirte que se te ha cagado una paloma en el hombro. Adicionalmente, acompañarán cualquier encontronazo fortuito con un espléndido 'I beg your pardon'... a lo que uno siempre tiende a contestar (mentalmente, claro) 'I never promised you a rose a garden'.
En la canción de los Kinks se hacía mofa del hombre respetable londinense, que hace las cosas de la manera más conservadora, el que va a regatas y compra acciones en la bolsa, el que espera heredar la gran fortuna de su papá y a quien el sudor del sobaco le huele a canela. Pero en Londres no sólo es 'polite' el hijo de papá, sino que hasta el más 'punky' te pedirá perdón por haberte hecho, involuntariamente, variar tu dirección. Y yo no sé vosotros, pero al decimosexto 'sorry' que me brindaron ya estaba un poco hasta los 'bollocks'...

DEDICATED FOLLOWER OF FASHION (1966)
Londres fue en los años 60 la capital de la moda (os guste o no), y prueba de ello es este single de los Kinks, uno de los más ácidos. Nos desgrana el estilo de vida de un verdadero 'fashion victim', cuya única misión es ir a discotecas, fiestas y tiendas de ropa buscando siempre lo más 'chic'. Ray Davies nos habla de Regent Street (las grandes marcas) y Leicester Square (las pequeñas boutiques) y nos introduce un concepto que amamos: 'The Carnabetian Army', algo así como "el ejército de Carnaby Street". Y fácilmente imaginamos a cientos de dedicados seguidores de la moda corriendo de un lado a otro en aquél Londres florido buscando una ganga para estar siempre a la última.
¿Qué queda hoy día de esa ensoñación? Regent Street sigue siendo lo que fue en su día, sólo que las grandes marcas las conocemos ya todos. Y en Leicester Square sólo puede uno ahora mismo coger un metro, tomarse un café y esperar que no te atropellen las hordas de viandantes. Aunque la peor parte se la ha llevado, en nuestra humilde opinión, Carnaby Street, que se ha convertido en una calle anodina de tiendas afranquiciadas y de la que no es posible rescatar ni un ápice del esplendor que debió tener cuando Ray Davies se jactaba tan inteligentemente de sus habitantes.
KEEP CALM AND CARRY ON... TO BE CONTINUED
domingo, 27 de marzo de 2011
Fringe: Larga vida y prosperidad

Os parecerá la noticia baladí (y ciertamente lo es), pero mi felicidad del año que viene dependía en gran medida de esa decisión. Y es que Fringe, a lo tonto, a lo tonto, se ha ido apoderando de nuestros corazones y ofrece hoy día algunos de los más grandes momentos televisivos. Tras el vacío existencial que me provocó la cancelación de Rubicon (todavía tengo sueños en los que imagino que alguna otra cadena retomará la serie como hizo TNT con Southland, otra de la que ya hablaremos por aquí dentro de poco), me producía perpetua lástima simplemente pensar que Fringe no acabaría como estaba previsto. Una serie que está pensada, según sus creadores, para seis u ocho temporadas, cercenada en tres. No se daba abasto. El amigo J. J. Abrams llegó a amenazar a Fox diciendo que o se resolvía pronto la renovación del 'show' o se vería "muy presionado" para cerrar el hilo argumental en los pocos episodios que quedaban por grabar. Pero ya podemos respirar tranquilos, fans de todo el mundo.

¿Por qué se ha hecho de rogar esta decisión? Fringe es una serie muy cara de producir. No quiero exponer el motivo porque me consta que muchos no la habéis visto y uno de los objetivos de esta entrada es que os animéis a verla, pero simplemente tenéis que saber que, como se decía en uno de los episodios de la primera temporada, hay más de uno de cada, y eso implica que cada dolar hay que duplicarlo en esta ambiciosa serie. Y las audiencias estaban bajando en picado desde que empezó la tercera temporada. ¿Acaso era peor? ¿No cumplía las expectativas marcadas tras el impactante final de la segunda? Nada de eso. Todo lo contrario. Pero Fringe ha pasado de ser una serie episódica al estilo de Expediente X a convertirse en una cosmogonía al más puro estilo de Perdidos. Ya existe la Fringepedia, con un grado de friquismo me atrevería a decir que superior al de los 'losties'.

Y creo que ha sido este fanatismo el que ha impulsado a la cadena a renovar la serie, que incluso pasando su emisión a los conflictivos viernes ha sabido mantener el mínimo nivel requerido (alrededor de 4 millones de espectadores) sabedores de que el final de la tercera temporada puede dejar a mucha gente boquiabierta y relanzar las audiencias. Y yo, que me quiero unir a esos 'frikies' que han salvado con su contumacia a una serie tan compleja de la quema, os conmino a que empecéis a ver Fringe. Me consta que Susu ya ha empezado. No os arrepentiréis. ¡Larga vida y prosperidad!
jueves, 20 de enero de 2011
Fringe Vs. "The Friday Night Death Slot"

Sólo ha habido una excepción clara a esta regla (ha habido más, pero bueno): Expediente X (1993-2002). Sí, una serie de ciencia-ficción que en verdad contaba un romance encubierto e imposible. Para los que no sepan de qué va Fringe, diremos que es una serie de ciencia-ficción que en verdad cuenta un romance encubierto e imposible. Bajo estas claras premisas, y asumiendo que el gusto de los americanos no haya cambiado desde 2002 hasta ahora, el cambio de horario de la serie creada por J. J. Abrams, Alex Kurtzman y Roberto Orci no debería suponer otra cosa que el relanzamiento a nivel popular de la misma.
Pero en mi humilde opinión, Fringe no tiene nada que ver con Expediente X. La serie de Abrams es retorcida como pocas, con dos primeras temporadas ejemplares que han ido de menos a más de forma meteórica, con unos personajes de ensueño a los que se les coge cariño en un periquete (ese Walter Bishop, interpretado excepcionalmente por John Noble, cuando se pone juguetón...). No queremos destapar ninguno de los misterios que ya han sido desvelados, pero baste decir que Fringe no se contenta con ser una serie puramente episódica. En su fuero interno hay una historia subyacente (¿o deberíamos decir paralela?) que vertebra todo lo que vemos en la pantalla. Al espectador se le recompensa con pepitas de oro que los creadores de este monstruo de dos cabezas van dejando escondidas por los planos de cada capítulo.
Sí, Expediente X fue un pelotazo pero carecía de la malicia y el retorcimiento de los planteamientos de Fringe. Y, por supuesto, su personaje femenino no tenía nada que ver con esa sugerente Olivia Dunham (pedazo de descubrimiento Anna Torv), que es el alma de la fiesta. Ah, sí, luego hay un tal Peter Bishop (descafeinado pero efectivo Joshua Jackson) que es, aunque no lo sepáis muchos de vosotros, el engranaje que mueve todas las subhistorias de uno de los seriales más impactantes que ha dado en los últimos años la televisión.
Sin ánimo de ser pájaro de mal agüero, auguro un final incierto a Fringe precisamente por este cambio de horario. No es, desgraciadamente, una serie de masas. Es una pequeña joya de entretenimiento cerebral, como lo fue Lost (2004-2010) en su día. Mañana lo comprobaremos. Estaremos atentos a la audiencia. Veremos si entre todos nos hemos cargado una de las mejores series de televisión de todos los tiempos o si es el momento de que Fringe sea conocida y disfrutada por todo el mundo. Como se decía en una famosa serie: "la verdad está ahí fuera".
miércoles, 12 de enero de 2011
Heliogabalismos

Sé que llego tarde a esta breve reflexión, pero ahora es cuando me ha venido a la mente. Acaba de terminar un período que para muchos ha sido como una carrera sin fondo. Una competición que, sin premio aparente al final de la misma, nos obliga a seguir peleando contra nosotros mismos. El período navideño es propenso al exceso. A comer más que nunca, a beber más de lo debido. Y a gastar más de lo que uno puede.

Afortunadamente, yo he tenido unas vacaciones largas y tranquilas. Sin muchos excesos, lo cual se nota en mi figura que no ha quedado más deformada de la cuenta. Muchas horas con amigos (algunos hasta me han dado gratas noticias) y delante del televisor/ordenador. Haciendo lo que a uno le gusta, que por desgracia es leer, escuchar discos y ver películas. Y en este sentido, la Navidad también ha sido un exceso. Hemos revisitado varias temporadas de El Enano Rojo (1988-1999), hemos acogido (y seguimos en ello) con adictiva pasión el voluminoso Homicidio (1991) de David Simon, hemos disfrutado de la maravillosa y desternillante Paso de tí (Nicholas Stoller, 2008) y he probado las anchoas del Cantábrico más ricas que se puedan tomar en un sitio que no sea el Cantábrico.

Y es que nos ponemos ciegos de todo. Somos unos contumaces (como aquél señor mayor en la película Plácido de Berlanga, que no atendía a razones para dejar de morirse), trapisondistas empedernidos (como decía el vecino del señor C. C. Baxter en El apartamento), unos heliogábalos, al fin y al cabo. Demos gracias al hacedor de que las fiestas han terminado. Demos gracias al hacedor de que un año más hemos sobrevivido a la Navidad.
martes, 28 de diciembre de 2010
En Busca Del Arcade Perdido

Pero vayamos por partes. Tron, ¿eh? ¡Cuántos recuerdos de la infancia! ¡Cómo nos gustaban los ordenadores y los videojuegos entonces! Sobre todo a mí, que nunca tuve una consola, ni siquiera la más prehistórica. Eso sí, los juegos recreativos (maquinitas, para que nos entendamos) se me daban la mar de bien. Y Tron representó mejor que ninguna otra cosa la fiebre que se vivía por aquél entonces con ese avanzadísimo (para la época) juguete que hoy día es el gran motor de la industria del entretenimiento.

Más de 20 años después alguien ha decidido que era buena idea retomar la historia de Tron allí dónde quedó. Esto es, cerrada y bien cerrada. Ese sea quizás el gran escollo que se encuentra Tron: Legacy. Buscar una excusa para la secuela. Pero yo diría que la han encontrado. Cierto es que Tron: Legacy cuenta la misma historia (diríamos que "exactamente" la misma historia) que su predecesora, pero reinventa personajes comunes, los duplica, convierte a los buenos en malos, introduce caras nuevas (la de Olivia Wilde se agradece mucho, además), y en fin, nada nuevo bajo el sol, pero se curran el aspecto del entertainment. Así que sí, amigos, Tron: Legacy nos ha molado y bastante.

¿Qué tiene esta segunda parte de meritoria? Pues ya lo hemos dicho, copón: que es MUY entretenida. Que incluso sin haber visto la primera mola. Que los efectos especiales están muy bien. Que Jeff Bridges vuelve a hacer de El Nota (y van...) pero en plan tecnológico. Que a veces parece que sale Sergio Ramos. Que hacen otra vez la broma de lo grande que es la puerta de Encom. Que lo importante es el juego de muñeca... Pero es cierto que esta versión vitaminada y mineralizada carece del significado de la primera. Hay algún que otro guiño a internet, a la hegemonía de una gran corporación que controle el sistema operativo del mundo entero, pero Tron: Legacy no pretende sentar cátedra. Es un mero divertimento, como también lo era Tron, pero no es ya un vehículo definitorio de una época.

Durante mis años de juventud, mis amigos y yo solíamos referirnos a esta película para mofarnos de la decoración de ciertos sitios un poco trasnochados para principios del Siglo XXI. Con Tron: Legacy se ha perdido el sentido de esa gracieta. Ya no tiene gracia si alguien os pregunta: "¿Has visto Tron: Legacy?" ¿Qué es lo que te están queriendo decir?... Ya no tiene gracia...
jueves, 9 de diciembre de 2010
SOA: To Ride Or Not To Ride

Sons of Anarchy (o "SOA", para los amigos) no es la típica serie. Es distinta. Podríamos decir que hasta única, pues nos transporta a un microcosmos tan ajeno a éste que os escribe (e imagino que para vosotros también) como son los MC's americanos (MC = Motorcycle Club, que ya deberíais estar familiarizados con la jerga, leñe...). Sobre este topic hay dos lecturas fundamentales y legendarias, de las que creo que Sutter ha bebido profusamente (más incluso que de Shakespeare). Por un lado tenemos el macro artículo periodístico que se trajinó el amigo Hunter S. Thompson, titulado Ángeles del Infierno (1966), y por otro, las memorias del que por aquél entonces era el Secretario de Los Ángeles del Infierno del Capítulo de Frisco tituladas Freewheelin' Frank (1967), que escribió a dos manos junto al poeta beatnick Michael McClure (y que "casualmente" me estoy leyendo ahora mismo).

Los que hayan leído el libro de Thompson sabrán ya cómo acabó la cosa. Al reputado autor de Miedo y asco en Las Vegas (1971) le terminaron pegando y todo. Y los que hayan visto SOA y hayan leído las dos obras que cité anteriormente percibirán que la serie está llena de detalles extraídos de la realidad de estos clubs que funcionan como logias masónicas. Las insignias, las mamás o chorbas, la pasión por Harley-Davidson, la afinidad con el nazismo, el regusto por el pilonismo (esto, aunque os resulte extraño, se ve muy bien en la serie y es una escena que se repite mucho en las memorias de Freewheelin' Frank)... todo es recogido con precisión por Kurt Sutter (que además se guarda un papelito en la serie, interpretando al encarcelado Otto) a lo largo de los capítulos.

La única diferencia palpable entre la realidad y la realidad televisiva es el uso de los drogas. Vale que los textos que referencio son hijos de su tiempo (los años 60) y que tanto los Capítulos de Frisco como los de Oakland (que son los que analiza Thompson) vivían demasiado cerca de la casa de Ken Kesey en La Honda, y participaron activamente en sus "acid tests" y el LSD fue también como un buque insignia para ellos. En SOA no hay apenas drogas (salvo que sean para traficar). Puede que sea una imposición de la productora (no incitar al consumo), pero esta es la única brecha que encuentro en el fantástico retrato que se hace de los moteros en la serie.

Y luego está el pathos. El drama. "El mundo es un espectáculo y cada uno debe interpretar su parte". La influencia de Shakespeare está presente en todas las líneas argumentales. Hijos nacidos con malformaciones, raptos, engaños, odios, traiciones, celos, conspiraciones, venganzas. Los grandes temas de la Humanidad están en Sons Of Anarchy. Y el elenco de actores hace lo imposible por llevar estos extremos a la vida. No puedo dejar de destacar a la espectacular Katey Sagal (que interpreta a la madre coraje Gemma Teller), con un papel de esos que configuran una carrera. Pero es que a Sagal ya la conocíamos de una de las más grandes sitcoms de la historia, Matrimonio con hijos (1987-1997) en el papel de la frívola Peggy Bundy. No puede ser su Gemma Teller un papel más distinto y no se puede hacer mejor. Una de las actuaciones del año en el mundo televisivo.

Pero luego tenemos al kurtcobenesco Charlie Hunnam, que va ganando enteros como protagonista absoluto del serial, al simiesco e imponente Ron Perlman (al que por fin se le permite un papel protagonista sin tener que usar maquillaje), a Kim Coates en el papel del estrambótico y psicótico Tig (uno de mis personajes favoritos de la serie, interpretado además por un actor puramente shakesperiano) y montones de secundarios brillantemente definidos (con cameo de Stephen King incluido en la segunda temporada).

La conclusión es sencilla. Ya tenemos sustituto de Breaking Bad. Mientras no echan una, podemos (debemos) ir viendo Sons Of Anarchy, que es como leer a Shakespeare en moto. Una frikada macarra e intelectual.
almanaque de otoño
Yes! Yes! Yes! It's My Autumn Almanac!
